Comunicado de prensa

¿Mare Nostrum ahogado en Tritón?

La Operación Mare Nostrum ha de finalizar, según el calendario anunciado, el 1 de noviembre de 2014. En el momento en que se conmemora el naufragio del 3 de octubre de 2013, se plantea la cuestión de quién va a reemplazar este dispositivo, desplegado por Italia en un contexto de conflictos a las puertas de Europa que empuja a decenas de millares de personas a huir en busca de protección.

La Comisión Europea y los Estados miembros de la UE no proponen ninguna solución susceptible de relevar Mare Nostrum y poner fin a la hecatombe en el Mediterráneo. El reforzamiento de controles fronterizos por Frontex, vía la Operación «Tritón» -también llamada «Frontex Plus»- no se convertirá en una operación de salvamento en el mar, tal y como precisa la agencia Frontex. Luchar contra quienes organizan estos viajes e inyectar fondos para el «diálogo» con terceros países no tendrá ningún impacto positivo en la situación actual: sólo hará que las rutas que continuarán tomando las personas migrantes sean más peligrosas.

Con Mare Nostrum, Italia ha entreabierto una puerta, la del salvamento de migrantes en el mar. Pese a no estar exenta de críticas –su carácter militar, la falta de transparencia sobre el destino de las personas rescatadas, y … sus fracasos, puesto que según ACNUR 3.000 personas habrían perecido ahogadas desde comienzos del año-, esta operación ha esbozado al menos otra visión. Yendo a socorrer migrantes hasta las aguas territoriales libias, Italia asumió en octubre de 2013 una responsabilidad que la UE, que se contenta con deplorar hipócritamente los «dramas de la migración» en cada naufragio al tiempo que refuerza los controles, no ha sido capaz de asumir nunca.

Italia ha completado esta iniciativa con una saludable desobediencia a las reglas europeas absurdas: la toma de huellas digitales de personas consideradas como «irregulares» a su llegada a territorio europeo, en base a la aplicación de los reglamentos Eurodac y Dublín. Al permitir el reenvío de solicitantes de asilo «marcados» así a los países por los que han entrado en Europa, estas reglas hacen recaer sobre los países de primera acogida, como Grecia o Italia, un peso que los Estados de Europa del norte están lejos de querer compartir.

Poniendo en pie Mare Nostrum, rechazando el injusto mecanismo del reglamento Dublín, Italia instaura, de hecho, una forma de circulación natural para entrar en el espacio europeo y desplazarse por él. Esta tentativa de puesta en práctica del único «corredor humanitario» adaptado al contexto euromediterráneo es una primera etapa. No es suficiente. La UE, si realmente quiere poner fin a la inmigración «irregular», debe hacerla «regular» permitiendo el acceso al territorio europeo a quienes escogen o se ven obligados al exilio.

8 de octubre de 2014

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